Yaku – Módulo de Gestión Sostenible de Escorrentía Urbana
Año: 2025
Ubicación: Jipijapa, Quito, Ecuador
Área: 27 m2
Diseño y Construcción: El Sindicato Arquitectura.
Autores: Xavier Duque - María Reinoso -Nicolás Viteri, Banco Interamericano de Desarrollo, Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial (SHOT)
Colaboradores: Emilio Araujo, Diana Padilla
Diseño y ejecución de paisajismo: Bioma Arquitectura y Paisaje
Fotógrafo: Andrés Villota
Ilustraciones: Diana Padilla, El Sindicato Arquitectura

Promotor: Cities LAB del Banco Interamericano de Desarrollo. (Roberto Madera, Elisabeth Arnold)
Promotor institucional: (SHOT) Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial. (Victoria Ortega, Gabriela García)
Coordinador de proyecto: Nicolás Viteri
Ingeniería estructural: Pedro Ospina.
Equipo de apoyo: Eduardo Espinosa, Pablo Hidalgo.
El parque Isla Tortuga, en el norte de Quito (Ecuador), fue elegido para la implementación del prototipo Yaku (agua en kichwa), el cual es un mobiliario urbano modular que combina espacio público y gestión sostenible del agua lluvia y biodiversidad. Está pensado para instalarse sobre cualquier superficie. Su objetivo es captar el agua de lluvia, almacenarla y promover su infiltración en la tierra, emulando su ciclo natural. Yaku invita a la estancia en el espacio público, además de recuperar la consciencia sobre la relación vital entre agua y ciudad.
Con el crecimiento acelerado, las ciudades se han desconectado de la naturaleza, olvidando incluso el ciclo del agua, la cual busca infiltrarse en los suelos, fluir hacia los ríos y purificarse. Yaku propone un escenario en el espacio público que visibiliza esta tensión del agua buscando cómo fluir en medio de las estructuras urbanas, planteando un diálogo entre lo natural y lo artificial.
Con esa idea, se desarrolló el prototipo. Por un lado, se levantan superficies de acero corten: cubiertas duras e industriales. Su carácter impermeable simboliza los procesos modernos de urbanización. Estos planos protegen al visitante del sol y la lluvia. En contraste, emergen elementos permeables inspirados en soluciones que brinda la naturaleza y en saberes ancestrales. Piedras volcánicas porosas reciben el agua y evocan los antiguos filtros. Talladas manualmente, adquieren un carácter escultórico que rescata la memoria de objetos de baja tecnología, que obligaban a respetar el tiempo de cada proceso. Estas piedras se convierten en piezas urbanas para conectar al transeúnte con el valor ancestral del agua. Su goteo mantiene el recurso presente en la superficie y lo dirige hacia un jardín de infiltración.
Allí, la cuidadosa selección de las especies de plantas nativas busca ser hábitat para la biodiversidad local. La jardinera incluye sustratos filtrantes y un sistema de almacenamiento subterráneo que almacena el agua lluvia en su capa más profunda, actuando como un reservorio subterráneo para la época de sequía.
Este proyecto fue el resultado de un esfuerzo colectivo a varias escalas. A nivel institucional, el impulso del Cities LAB del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) junto con la Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial del Municipio de Quito y el equipo de El Sindicato Arquitectura, demostró que la colaboración interinstitucional puede lograr un impacto sostenible y visible en las ciudades. A nivel local, se involucró a los vecinos mediante jornadas de socialización que les permitieron ser parte activa desde la fase de desarrollo. Así, se logró sembrar un sentido de apropiación y hacer que el prototipo se convierta en parte de su entorno cotidiano.
Yaku es más que un módulo, es una declaración sobre cómo el diseño urbano puede reconciliar a la ciudad con los ciclos naturales. Es espacio público y pedagogía ambiental. Su potencial radica en ser replicable en diferentes contextos, invitando a repensar la relación entre lo construido y lo natural, y recordándonos que el agua no es un recurso invisible, sino un protagonista esencial en la vida de nuestras ciudades.