Martes de Mierda - Xavier Oquendo

Lugar: Oficina ERDC, Quito-Ecuador

Fecha: Octubre 2015

Invitado: Xavier Oquendo

Cronista: Gonzalo Ordoñez Revelo

Fotografìa: Simen Bie Malde

Martes de popó
Chuta, y es que me cuesta decir martes de mierda. Además, el martes…….. me dio un sabor a masmelo y grosella con sal.
La reunión, en la terraza de una vieja casa en la cima del Itchimbía. Desde allí cobijados por un manto frío de luces que caía sobre la ciudad, iniciamos una extraña conversación. 
Jóvenes, no demasiado, tampoco suficientemente mayores. Qué buscaban, qué hacían allí, que esperaban de hombres hablando sobre su experiencia de docencia. No lo sé. Lo importante, fue la intuición que sembró la noche en los rostros bellos de hombres y mujeres en un martes de mierda:
La separación entre las ideas y los sentimientos, entre el cuerpo y la mente. En resumidas cuentas, detrás de las preguntas a Xavier Oquendo y de sus respuestas a los cuestionamientos de Javier y X “¿Para qué enseñar a adolescentes? Qué sentido tiene si vamos al colegio para no hacer caso a nadie. Decía que detrás de las preguntas y respuestas se entreveía un andamio que quizá explicaba la razón de que un ser humano, un profesor, se despegara del pizarrón para hacer clase.
Xavier dijo que era una experiencia estética, pues la vida de alguna manera es estética, pero que no es explicable.
Por ahí se construye el andamio, la vida es placer, es motivo, la vida es pensamiento, pero primero es sentimiento. Y cuando estoy de acuerdo con Xavier, también estoy en desacuerdo. El arte es explicable, más aun, la razón de que nos sea tan difícil conocernos es porque creemos demasiado en la razón, porque pensamos el cuero y no sentimos los pensamientos. Porque nos olvidamos que somos naturaleza.
La mujer tiene un solo óvulo, mientras el hombre millones de espermatozoides al día. Biología, enfrentada o de la mano de la cultura. Puesto que la mujer tiene un solo óvulo, y con mucho costo para su mantenimiento, elige la pareja. Así como la elección, la belleza, base de la estética, tiene su explicación en la biología: un rostro equilibrado, es un rostro bello, pues anuncia la ausencia de enfermedades, lo mismo que con la piel.
Mi bronca ahora es esa: sabemos poco de nuestra genética, sabemos poco de nuestros sentimientos y de cómo se formaron con la experiencia en el colegio, con los amigos y con los padres. 
Fue entonces cuando hablamos de la aceptación, del perdón y de los padres. Resulta que no podemos aceptarnos a nosotros mismos, porque no aceptamos a nuestros padres, o porque nuestros padres no nos aceptan (aunque sea por nuestro bien) o por las dos cosas, entonces no podemos aceptar a otros, dejarlos ser y para colmo, no entendemos que sin el maldito perdón, seguimos anclados a los sentimientos que, justamente no nos dejan caminar en libertad.
En fin, Xavier comentó que disfrutaba enseñar, algo en lo que definitivamente concuerdo, y luego también dijo algo como que uno no hace gran cosa realmente, que lo mejor que se puede hacer es dejarlos.
En esto estoy todavía más en acuerdo, pero le llamaría de otra manera: dejarlos estar allí, en la vida, para que tengan tiempo para escucharse a sí mismos.
La cerveza me calentó poco, tenía frío pero el corazón se sostuvo cálido, por unas pocas horas regresé a casa con una sensación de humanidad recogida en la sabiduría de esos jóvenes, como la de aquél chico que contó su historia, con valor y calma: cuando acepté a mi padre, cuando comprendí como llegó a ser lo que es, fue más fácil la vida.
Chalo

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